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por  "Ternaskus" 

Maquina 501

La locomotora de la fotografía se utilizó para filmar la película titulada VIENTO NEGRO basada en la tragedia de una cuadrilla que estaba tendiendo la via de Benjamin Hill a Mexicali.

1907 Muere en Sonora "El héroe de Nacozari", el ferrocarrilero Jesús García Corona.

(Corrido “Máquina 501”)

El fogonero le dice
Jesús vamos apeando
mira que el carro de atrás
ya se nos viene quemando.

Jesús García le contesta
yo pienso muy diferente
yo no quiero ser la causa
de que muera tanta gente.

Historia del Héroe de Nacozari

Primeros Años
Jesús fue el hijo menor de Francisco García-Pino y Rosa Corona de García. Desde pequeño mostró interés por el ferrocarril, dominando los rudimentos básicos de la metalurgia y la mecánica. Desde su temprana infancia mostró una buena habilidad en el manejo de maquinaria.

Su padre al parecer murió en un trayecto de Hermosillo a Nacozari.

En 1898 Rosa Corona -ya viuda- y sus ocho hijos (Trinidad, Ángela, Artemisa, Rosa, Francisco, Manuel y Miguel) arribaron al pueblo de Nacozari, con la esperanza de encontrar trabajo para ella y para el talento mecánico que demostraban tener sus hijos.

Todos encontraron empleo en la mina.

Cerca de las seis de la mañana del 7 de noviembre de 1907, Jesús se dirigió al centro de Nacozari. Su locomotora fue la Nº2 (erróneamente conocida como Nº 501, debido a una canción popular), construida bajo pedido a la Compañía Porter de Pennsylvania en mayo de 1901, y era un poco menor que las utilizadas normalmente. Después de haber sido engrasada, ya lista para salir, Agustín Barceló e Hipólito Soto, encargados de frenos, reportaron que Alberto Biel, un alemán de edad madura, se encontraba en el hospital, por lo que Jesús García lo reemplazó y quedó a cargo del tren.

A cargo de la locomotora
Jesús García debía llevar un cargamento de cuatro toneladas de dinamita (utilizadas en la ampliación de la mina) al almacén de explosivos para colocarse en dos furgones. Era el más poderoso tipo de dinamita, traído por tren desde Oakland a Pilares y Nacozari.

Llegó en la locomotora en pocos minutos a El Seis (a seis millas de Pilares), donde había almacenes y casas de trabajadores que mantenían las vías. Para hacer posible la quema segura de combustible, la locomotora contaba con un contenedor, en donde las chispas eran sofocadas con mallas. Pero en esos días no estaba funcionando, Jesús reportó que algunas brasas vivas estaban escapando del mismo.

Después de una primera vuelta a la mina, la locomotora alcanzó de nuevo El Seis. Con suerte, Jesús debía completar dos corridas más. Un mensajero lo aborda para darle una noticia inesperada: Necesitaban suplementos en la mina y
debía dirigirse en el tren al más bajo nivel y hablar con el señor Elizondo.

Durante la operación de carga del tren, Jesús aprovechó para ir a casa. Jesús encontró a su madre alterada la cuál le comentó un presentimiento de que no lo volvería a ver.

Jesús dejó 50 de sus góndolas en El Seis y descendió a la mina, en el nivel más bajo, el cargamento había sido completado.

En espera de su locomotora, Jesús descubrió que los trabajadores habían dejado disminuir el fuego, lo cual había ocasionado una perdida de presión del vapor. Los ingenieros en otro error aún más serio: no colocar los carros con explosivos al final del cuerpo del tren. En este viaje, los trabajadores colocaron la dinamita en los dos primeros carros, enseguida de la caldera. La disposición de la carga debía ser autorizada por el conductor, pero ese día no había tal.

Al aumentar la presión del vapor, luego, tan lento como fue posible, Jesús dio reversa al vehículo y lo colocó fuera de la mina; el viento del norte empezaba a jugar con los remolinos del humo y del vapor. Librada del freno, la locomotora trabajaba en contra del viento; las chispas vivas, emanadas del contenedor, que no había sido arreglado, volaron sobre el motor y la cabina, llegando incluso hasta los dos primeros furgones, cargados con cajas de dinamita.

Al principio el fuego fue notificado por la cuadrilla de trabajadores y más adelante por simples transeúntes. Francisco Rendón, frenero encargado de dirigir los rieles a Pilares, y el otro frenero intentaron inútilmente detener con sus ropas el fuego. Jesús le pidió a la cuadrilla que lo acompañaba que se arrojaran del tren e imprimió toda la fuerza a la locomotora. Obedeciendo las órdenes de Jesús, José Romero saltó del tren y rodó hacia la maleza. Milagrosamente había alrededor una loma en donde se refugió.

Jesús y su locomotora subieron a través del escarpado. Necesitaban avanzar otros cincuenta metros para llegara un terreno plano en donde Jesús pudiera así luchar por su vida pero no lo logró.

De esta manera alejándose del pueblo, Jesús García salvó Nacozari y sus habitantes de sucumbir ante una explosión tan enorme, que la locomotora desapareció completamente. Jesús murió al instante, lanzado por el frente de su cabina. Gran parte del motor fue también lanzado y el cuerpo de Jesús fue alcanzado por las ruedas traseras.

Un estruendo como temblor sacudió Nacozari y la onda de expansión quebró vidrios y sacudió las habitaciones; ésta fue oída a 16.09 kilometros de Nacozari.

La carnicería en el kilómetro seis era impresionante. Los cuatro obreros fueron muertos y un niño de 15 años fue atravesado por un metal lanzado desde cien metros en donde ocurrió la explosión. Del almacén no quedó nada, 18 de los residentes y demás trabajadores fueron heridos y trasladados en vagones al hospital en Nacozari. En silencio, los sobrevivientes removían los escombros del tren: carros despedazados y cabinas destruidas. El motor estaba encajado en un cráter, lejos de las vías. Jesús fue identificado por sus botas, lo cual fue trabajo de sus hermanos, quienes recogieron los restos y lo llevaron a casa.

En total fueron 13 las personas que murieron, pero sin duda fueron cientos los que salvaron la vida debido al heroísmo mostrado por Jesús quién alejó el tren lo más posible del pueblo. Al morir Jesús contaba con 26 años.